Lluvia de información recorriendo la vía neuronal de tus sinapsis. Áspide reptando por agujeros interminables de fluctuantes y rítmicos colores iridiscentes. La inundación en la que floto, navego, buceo, en las que se construyen las bases submarinas de la civilización del futuro anhelado, la vieja zanahoria al frente del burro chino que hace girar la rueda del molino zen.
Ayer comentando con una chica; que recién me habían presentado y con quien compartía un piqueo de chicharrón de calamar; que soy músico, me pregunta si sé tocar muchas canciones. Yo le digo que no, que de hecho no sé tocar ninguna. Inmediatamente parcho su cara de sorpresa diciéndole que solo toco cosas de propia inspiración, a lo que su rostro muta a entusiasmo preguntando si soy cantautor. En cierta forma, le respondo. Lo que sucede es que tengo una poética de lo que no se ha hecho aún, de lo que no he hecho aún, de lo que probablemente nunca vaya a hacer ni nadie haga jamás.
Justo cuando las cosas han pasado a ser lo menos obvias del mundo es que hago esta revista que se llama Obvio y que nació hace muchos años cuando todo parecía tan obvio y evidente.
Y ahora todo es tan oscuro e indescifrable como la risa de la muerte. Que no sé realmente quién soy o qué soy, pero un breve atisbo a mi pobre imaginación me hace augurar cielos artificiales, carnales y cósmicos de vez en cuando. Y una vez más me vuelvo a preguntar: ¿de qué se ríe? Y como el niño de tres años que está llorando desconsoladamente porque no le compran caramelos en el supermercado le grito a esa rauda madre: ¡NO TE RÍAS!
No vas a volver a tus padres anarquistas, ni a tus primos ni vecinos. Ni a mi hermana podría yo nunca jamás volver anarquista. Ni mis amigos. La anarquía es una guerra que vivo solo. Cuando voy a las marchas, estoy al lado de estas como especies de brigadas y paso un rato marchando en cada una de ellas, escuchando lo que dicen y coreando con ellos. Luego llega el momento de enfrentar a la policía y no sucede nada. De hecho tampoco quiero enfrentarme a la policía.
No creo que sea el único que crea que sea posible pasar a la anarquía como por arte de magia de la noche a la mañana como si fuese con un simple pestañeo, envenenando a la población con sicodélicos que no están preparados para experimentar, entre espuma de realidades disímiles, que en cualquier otro lugar del mundo serían imposibles. Grandes riquezas y santidades oscuras, venganzas y crímenes inconmensurables. Redes urdidas.
Hemos llegado al estado actual de cosas por pensar que somos un alma, un espectador y no somos ni eso. Somos el viajero. Todas las voces, todas las almas que nos habitan o de las que somos simple agencia, son parte del decorado, uno es mucho más que eso y rellenarlo todo. Ponerle voces a las cosas, a la gente, a uno mismo ha sido lo que ha venido haciendo el principal menos sospechoso de todos con nosotros que somos también una parte externa a él, pero no ajena si no totalmente propia y obviamente de la cual no puede liberarse si no hasta que su peblorabel devenir ha sido resuelto ya. El principal menos sospechoso de todos resultó siendo el más escabullidisizo que podía haber imaginado en esta vida. El principal menos sospechoso de todos es el last boss de la pregunta ¿quién soy? ¿Adónde estoy? Es el nivel máximo de la brutalidad última, usa la risa de la muerte con la mejor de las maestrías y es al fin y al cabo de lo que estamos hechos y de lo que está hecho el universo que lo refleja como un espejo de repeticiones rítmicas infinitas, encegueces cuando lo ves, luego te olvidas y lo hechas un poco todo a perder y de esa forma perderte un rato y porque sabes que tarde o temprano te va a volver a encontrar donde quiera que estés. Ya Jung lo había comenzado a investigar cuando Freud quería que fuese su hijo en esta búsqueda. Algunos lo llaman Dios (Jung en realidad había estudiado para ser sacerdote, creo que protestante, tendría que chequear en wikipedia o algo), realmente todos deberían rendirle pleitesía diariamente por ser de perfecta manufactura infinita, a él están dedicados todos mis esfuerzos, si hubiesen palabras para representarlo al menos lo interaría… intentarlo es mi esfuerzo diario aunque todo el munda día que no parece.
Así que parece que ahora jugaré a tener represiones y las analizaré una a una.
Odio que sea algo indebido tener sexo en la primera cita.
Odio que sea algo imposible tener sexo a primera vista.
En la calle, qué chucha.
Bueno, y aparte de eso… no sé toda esta lluvia de información me tiene abrumado, cobijado en casa a la tibieza del amor de la laptop.
Y en general supongo que las represiones deben ser todas aquellas horrendas cosas que no quiero comunicar o que pretendo olvidar para siempre y que vuelven porque les doy importancia pero de las que me quiero deshacer por mi salud mental y física.
Lo de indebido lo digo no por mí, sino porque son justamente esas las que luego no me quieren volver a ver… lol.
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