miércoles, 26 de agosto de 2015

La vida póstuma



Ya imagino a los intelectuales después de la experiencia de lo absoluto. Queriendo cogerse como una mujer dando a luz a cualquier cosa que tengan a la mano para poder pensar, decir, ser algo, justamente dar a luz, extraer de las tinieblas uterinas del cerebro, ese segundo estómago donde se rumian las ideas para luego ser expulsadas, liberadas de la placenta que las nutría durante su estadía silenciosa en esas mentes perversas.


Ya los veo a todos preocupados por ser cuerpos y nada más que eso. Y nada menos, cuerpo-humano no es poco decir. Cuerpo con capacidad de devenir creador y por lo tanto Dios en su propia esfera. Mientras la infósfera sigue creciendo, lo débil zozobra, muere y renace, se resetea, vuelve a comenzar desde el inicio. Lo fuerte permanece vitalizándose, reuniéndose, reincorporándose una y otra vez después de cada vendaval.

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