No soy cristiano, pero no soy
distinto a ti que tal vez nos estés engañando al llamarte de esa forma. No seré
cristiano, sino hasta que el cristianismo haga hermanos a todos los seres humanos.
No seré nada hasta ese entonces, solo ser humano, un hermano de todos.
Un hombre no puede pertenecer a
una religión para ser diferente de otros seres humanos. Un hombre nace hombre y
muere hombre como todos los demás. Pero en medio de esos dos momentos cumbres hay
una hondonada de engaños y caminos curvos que debe atravesar con alegría.
Mi religión es la de los
creadores, de constructores de castillos en los cielos, de los que elevan la
mirada por siglos para poder ver la última estrella, la más lejana, la que hace
tanto dejó de brillar, pero que aún nos envía su luz. Mi religión es la de los
vagabundos, la de los que no tienen nada más que este instante para salvar al
mundo con una palabra, un gesto, un sacrificio, una muerte más para perdonarlos
a todos. Mi religión es la de los hombres que tienden sus manos para juntarse
con otras y dicen la verdad y luchan por el cielo inalcanzable.
Mi religión es la de los
soñadores que solo querían la felicidad en cada rostro y se enfrentaron a todos
sus miedos para poderlos ver con el nuevo amanecer. Soy solo un hombre que se
dedica a hacer las cosas lo mejor que puede y con toda la locura de la que es
capaz para no dar marcha atrás.
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