Sé, amigo, la luz en las tinieblas. El ejemplo que se
necesitaba con tanta urgencia. Lo que nos vuelva una vez más a enseñar a cómo
ser.
Se hará un banco genético y los utensilios divinos, luego
inmortales, serán revividos cuando sean necesarios y enviados en el
espacio-tiempo a cumplir con sus misiones.
Un perro ladra en la esquina. Sus patas parecen pandillas
adolescentes corriendo de la policía y del control estúpido. También un brazo
se estira y apunta al televisor, aprieta los botones, pero la batería está
agotada. Las saca, las muerde, las vuelve a poner, sigue sin funcionar el
control remoto, lo tira por la ventana, le cae al perro, se asusta, sigue
ladrando y lanza un ataque de mirada de soslayo que nos quita toda la vida.
Volvemos al checkpoint.
Recuerdo al anciano que se levanta de su tibio asiento,
echando el periódico al suelo, tal vez las gafas, como el bebe que va gateando
a la ventana o el gato que se acerca a la mancha de luz desparramada en el
suelo y la huele. Así me acerco a este nuevo momento, con la curiosidad del
ángel recién nacido. He dejado de usar lentes por cuestiones paranoicas. Ahora
solo me veo reflejado en el pequeño foco de clara visión que tengo al frente,
el fondo es una mancha borrosa todavía imaginaria, todavía no precipitada
concretamente al frente mío, si no un derredor nubloso, en el que están
entremezclados los semáforos con los autos y los rostros; las ropas, las
publicidades y los arbustos se pierden entre los gatos, los postes y las
cucarachas; las barandas, las bancas, los libros en las manos de la gente, ya
todo eso me ha dejado de importar. He desarrollado mis poderes de adivinación
de forma que solo considero interpretable solo lo que esté a menos de un metro de
mi vista, todo lo demás está igual de lejano que las estrellas siempre opacadas
por la humedad, la contaminación y la luz pública de esta ciudad. Ahora me
concentro más al leer y puedo caminar con las manos en la cabeza como un
verdadero vagabundo cuando deambulo.
Qué bello se está a oscuras
Cuando todo es uno
Y todavía no he brotado del corazón
Cuando un desconocido llega
Y te cuenta su dolor
Y ríen
Y luego bajo la soledad de las estrellas
Te dan ganas de llorar y lloras
Y realmente ya no te importa ser ciego
Ni calvo
El alma se pulveriza
Y ¡hola conejita linda!
No hay comentarios:
Publicar un comentario