Durante la madrugada siguió lloviendo.
Delgados mosquitos fantasmas degustan mi sangre. Suena a río, a catarata, a lluvia sobre interminables hojas de plátano.
Mi sangre se hace una en la verde naturaleza. Debí haber tomado fotos de Jamil preparando el almuerzo, entre gatos, perros, las bebes comiendo helados, los cabellos manchados, gatos comiendo helado del suelo. Cuando recién llegué Jazmín estaba jugando con ellas en el cuarto de juguetes. Y con Jamil nos fuimos a comer unas muy jugosas y dulces mandarinas del árbol. Debajo de una hoja estaba el lorito de cabeza azul, que hacía un par de meses se les había perdido. El jardín-huerto está bastante poblado de vegetación.

Se acaba de meter una ranita a mi cuarto. El oro se lleva humildemente subterráneo. Hace como la lluvia. De pronto todo será hermosamente verde. Estar aquí ha sido un desborde. Dique roto. Los animales viven con respeto a la naturaleza. La naturaleza te va enviando a sus animales, beben tu sangre. Dejas un poco de ti para que también un poco de ella pueda entrar en ti y pueda haber unión, amor, confianza. A lo lejos los relámpagos por la ventana. Tan lejanos que el trueno no alcanza esta noche y la música es el río y el grillo.
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