Informe a la interzona
Queridos conciudadanos del mundo virtual. Mientras en Perú
ha ganado PPK estoy en la estancia galáctica de Tarapoto, hoy vamos a hablar de
extraterrestres con expertos en el tema. Cada vez más gente viene del futuro o
cree que ha venido del futuro, que es lo mismo. La medusa le grita a la piedra
y la convierte en piedra. Convierte las estatuas de mármol en piedra, transmuta
los aros de oro en piedra. Fumamos hierba todos los días, a veces jalamos coca
cuando viene gente con corto, ron, vodka; se compran botellas de cerveza. Se
sacan limones de los árboles o mandarinas para hacer refresco.
Me siento en familia, como toda la vida, incluso cuando viví
solo me sentí en familia. La familia, la principal organización. Jamil es como
un padre autoritario que sabe lo que hay que hacer y no le gusta que lo
contradigan. La pregunta es ahora, cuándo voy a tomar ayahuasca y para qué.
Muchas cosas me han impresionado, las picaduras de los
zancudos, las visitas diarias de gente de la tele, del municipio, jóvenes
políticos, empresarios, chefs, modelos, artistas, arquitectos, la historia
sobre el grupo Cosmovisión Andina que contó Wales, las chicas, el calor, las
motos, los celajes, el incidente de Sebas que fue una anagnórisis.
Las breves anotaciones interrumpidas por las muchas
actividades.
Veo los cuerpos que no tienen el hábito de la lectura y me
siento como un cavador, con una luz en el casco, echado en un túnel,
rastrillando una cucharita de plástico en la arena mojada, bajo toneladas de
musgo, edificios, camiones (el incidente del vecino y la tubería que nos mandó
a arreglar dentro de su casa sobre la que pasaban sus camiones), aviones y
peces. Cuelgan cadenas como estalactitas. Isis Rah llora mamiii mamiii, Sahana
conversa sobre comida. Hay un deseo de huir cuando uno lee. Un deseo de
establecer contacto con un muerto, un ser virtualmente vivo cuyas huellas
siguen latiendo, humeando el rancio olor del pasado, como cuando sudas y hace
frío. Los rayos x de huesos tirados en el patio. Cordeles donde tender la ropa.
El clima húmedo, el calor insoportable, asqueroso, la piel toda rascada llena
de pequeñas heridas sangrantes, goteantes. Una mujer desnuda en mi cabeza todas
las mujeres desnudas que he visto, como en una pasarela sobre la cama, un
recuento caótico de gemidos y ojos blancos, labios atacados como lobo. Fiestas,
alcohol y hierba; besos, roces. Intentos fracasados, falta de pasión, falta de
creencia. No sé en qué momento perdí la fe en todo y me tiré en la catarata de
eventos que me han conducido a este amable instante (comenzó en Azangaroth, tal
vez antes, cuando Martín decidió dejar su empleo con el gavilán pollero,
también conocido como Mero Loco de Cercado, en este paréntesis sigo deseando
las enormes tetas de Selene y el culo grandioso de una chica cuyo nombre no
recuerdo). Llevo años viéndome reflejado en la realidad y no me ha servido para
nada. He aprendido que realmente no nos estamos dirigiendo a ningún lado. La
gente que tiene metas y sueños, ilusiones y esperanzas pierde el tiempo igual
que yo. Ardor arduo del día a día. Veo el sol y la estrella me hace reír, cada
día es un chiste nuevo. Hemos aprendido a reír para no llorar la desgracia de
existir. Hormigas enanas caminan por mi laptop. Necesito una laptop nueva, un
celular. Quería ir a la boda de Kato, pero no me he podido comunicar con él.
No me gustan los compromisos, pero hubiese ido, así sin
saber ni cómo llegar.
Jamil me ha prohibido hablar de bitcoins, con eso
básicamente me silenció. Sin embargo, todos los caminos conducen a Roma y el
tema de la criptoanarquía puede ser abordado desde innumerables flancos: la
corrupción política, la autorganización, la estafa ponzi que es el dinero
basado en la deuda, la nueva era, la naturalización del crimen contra la tierra
y los organismos vivientes (la industria de la carne, petrolífera y de
producción de divisas), la privacidad en la red, la soberanía económica, la
deflación/inflación, el postcapitalismo, la responsabilidad del ahora, etc.
Así que ayahuasca, así que Milagros (una chica que estaba en
el río con la que Tulio conversó, pero que a mí solo me devolvió el saludo y no
me dijo nada más), así que viajar por el mundo acompañado de una hembra y la
magia del kaoz. La nave sale disparada del planeta en llamas. Borges desde su
asiento todavía no despierta, sigue soñando todo esto que está pasando en su
Aleph. Si no preguntas, la respuesta nunca va a llegar. Escoge un rincón de
esta galaxia y siéntate a contemplar, a esperar alguna respuesta. A que vuelva
a pasar el ojo del científico sobre esta pequeña gota, este grano en la muestra
del microscopio. Lo lejano está presente, lo más lejano. El mundo aguarda, los
caminos se secan bajo el sol. Sigo pensando en mis ex. Junto piedras del río,
las traigo en el boogie. Beto me presta su moto de regreso, debería tener
licencia de carro, moto, helicóptero, etc. Como las plantas e insectos, me
siento en un zoológico de etcéteras. Cierras el puño y aprehendes etcétera de
cosas en la selva. Todas las noches sueño muchas cosas, alegres, sociales,
diplomáticas pero no las recuerdo. Estar flotando en el mar, la cabeza afuera
con los vaivenes de las ondas
Cursos para la televisión, videocanales de youtube.
Gastronomía con Christian, arte con Jazmín, Motivación con Lewis, yo que hablo
de tecnologías financieras, bitcoin, gestiones públicas transparentes,
auditadas por el enjambre.
Ahora lo más probable es que el siguiente paso en nuestra
evolución sea dado por un pequeño grupo mientras el resto se extingue en alguna
especie de masacre más, en la que mueren miles de millones, que al cabo de unas
cuantas generaciones regresarán.
Pueblos abandonados sobre tierras eriazas. Reverdece sobre
ruinas. Inventamos una super extinción masiva, la sexta. Somos como el
meteorito que acabó con los dinosaurios. Podremos tener perros y gatos, pero
con el resto de especies seguimos siendo los mismos bastardos.
No se necesita de muchos para hacer de este un mundo
distinto. Apenas sistemas de aprovechamiento de las aguas, unos huertos y
estaríamos viviendo en el otro nivel. Categoría invisibles.
Naves espaciales, clones, órganos sustituibles, prótesis con
conexión wi-fi. Ser naves espaciales en drogas.
El precio de bitcoin que se comienza a disparar. El agujero
en mi muela. Los recuerdos de las chicas que más he deseado, que más amo, que
más quisiera encerrar en una jaula, en un zoológico, en un castillo como si
fuesen mi familia. Ya casi no soy un vago, casi. Esperamos el próximo depósito
para sobrevivir y pagar la cuenta de la bodeguita de la esquina. Estoy en la
selva, estoy en Tarapoto, donde todo el mundo viaja en moto, mototaxi y no ves
casi ningún auto, a menos que sea un camionetón. Y las ciudades más lejanas
están a ríos de distancia. Poto.
Prostitución y drogas. Asesinatos de masas en EEUU,
prohibición de armas. Tabaco, agujeros en los pulmones (los mapachos), ganas de
dormir todo el tiempo, de estar muerto, como todos los demás. De no tener
sentimientos, ni presentimientos, olvidar todo, volver a nacer, lactar, ser un
bebé tirado en la cama, gritando, llorando como Isis, tan linda por el simple
hecho de existir y estar en estado nuevo, nueva. La inocencia me mira ciego, en
algún lugar me esperan esos ojos de planetas, ojos de peces y burbujas. Estoy
perdido. Extraño a la muchacha ojos de papel (luego tuvo ese incidente de la Anti-Fil
de la denuncia al acoso de Piero Rasmusen, qué palta no desearía estar en su
pellejo), el ácido me corroe el estómago, pienso en todas las relaciones
sexuales que debe estar teniendo con otros hombres y me siento en cuclillas
dentro de un closet al que le están clavando espadas. Quisiera llorar, pero mi
cuerpo no responde. La noche, los sigilos, los gatos, la tortura, todo me está
enloqueciendo. El calor, ya no tengo ninguna enfermedad de transmisión sexual.
Casi me he vuelto a sentir virgen. Debería tener una enamorada culona con la
que revolcarme en la cama antes de salir de ella, o tetona y estar debajo de
ella lactando mientras conversa por teléfono o ve televisión y yo me pierdo
drogado en pasillos secretos que conducen a aventuras inimaginables sin cuerpo.
Estoy viejo, quiero ser un robot. Me duelen todas estas picaduras sangrantes de
zancudos, las heridas de mis manos. El agujero de mi muela. El dolor de haber
perdido a las mujeres que más me han gustado hasta ahora y que no aparezca
nadie que me quite el habla, que me enamore con sus cejas, sus orejas, que me
haga explotar, volver a nacer, morir, exprimir cada una de mis células de amor,
me muero, me ahogo, me da un ataque de pánico, como los que le daba a Kami. Las
mujeres que más he amado son dos, son tres. Son todas.
Cuerpo, familia, casa, barrio, vecinos, familias, ciudad,
amigos, contactos, socios, conocidos. Todos van a pensar que están en la mejor
de las esferas cuando miren a la izquierda y todos pensarán que todavía la de
la derecha es mejor que aquella que los alberga.
Un libro que no haga cada día a más anarquistas, es un libro
que no vale la pena en lo absoluto. Yo mismo, mi voluntad está limitada por el
capital. Sin capital, sin DIO$ soy nada. Cuando los dólares no valgan nada, lo
harán los bitcoins. Ya no quiero libertad. Todo lo que quiero es dormir
empiernado en un nido de serpientes drogadas, mamíferas desnudas sobre pieles
de laboratorio, cosidas unas a otras y cascadas en Ontario o cataratas de
sangre sobre el valle aséptico.
Pienso en muchas pero ninguna me tira un ojo en la sopa. Las
letras flotan, papa amarilla. Estoy sobre una patataya rosada, roja, amarilla,
dorada y verde claro y oscuro, un poco de blanco y marrón (la frazada que puso
Jeni, el día que se quedó a dormir en mi cuarto, yo borracho desde las 3 de la
mañana en un sofá y puso la sábana que yo usaba como cortina, que está ahí
hasta ahora protegiéndome malamente de los bichos y del “frío” de las 5 de la
mañana). Sé que estoy muerto. Es entonces cuando pienso en la armonía de la
lira de 7 cuerdas, 9. En Enidsa y Kami y tener hijos en el banco. En enamorar a
un robot. Convertirme en nave espacial con inteligencia artificial. El amor por
lo nuevo, por los sueños y el conocimiento, tan vilipendiado por todos a mi
alrededor, tan despreciado por este planeta que se ha detenido en los rebeldes
idiotas y los verdaderos bastardos de la voluntad de poder, los gordos y
corporativos superhombres anónimos, enormes y asquerosas bestias rubias
cotizando en la bolsa. Los verdaderos asesinos de este mundo siguen escuchando
música a todo volumen en sus jets privados, donde supuestamente no querría
hacer nada. Un golpe de caos, estornudo y un ala cae como cuando Isis dice
cayó. Calló.
Desearía que en mis leyendas no se diga que calló, si no que
logré decir y justo a tiempo (tal vez el clímax de toda esta aventura en
Tarapoto, sea que tengo una palabra que decir en el momento oportuno). Todavía
no sé qué sería bueno decir. Una computadora nueva. Dejar las drogas. La
marihuana acá está muy mala, da sueño, atonta. Extraño mi vieja marihuana que
compraba con Gufi y fumaba por Miraflores o en mi cuarto en San Borja, cuando
vivía solo y mis padres todavía no me habían decomisado la ganya ni me habían
mandado al psicólogo ni mi familia pensaba que había enloquecido inútilmente ni
era el rotundo fracaso que en cierta forma soy.
Van a ser las 4am y no encuentro una verdad fulminante que
me mande a soñar. Es imposible
enamorarse en un pueblo tan pequeño como Tarapoto. Hay chicas lindas y eso,
pero realmente nada que me llame la atención, nada raro, simplemente mi vejez a
cada esquina burlándose de mi mortal condición. La inmortalidad aguarda junto
con todos los pdfs de inmortalistas adictos al ácido de los 70’s en mi vieja
laptop. Toda la historia de la humanidad tirada al tacho, tal como hizo la
inquisición, pero esta vez no es la fe en la porquería religiosa si no
simplemente la imbecilidad absurda de la que ya tanto nos hemos reído porque es
lo que padecemos como especie. No hay día que no sangre. Algún día viviré en un
hotel y despertaré a la hora que me dé la gana al lado de cuantas mujeres me
venga en gana.
Mujeres, la sola palabra suena como al resoplido de un
caballo, nubes celestes colándose debajo de la puerta, bajo el agua. Como el
reflejo angustiante de un cardumen en llamas del otro lado del salón de
caleidoscopios. Vivo solo como el brujo. Escribo los poemas que serán las
piedras fundacionales del futuro. William Burroughs del siglo XXI,
desinteresado por las drogas. Me tiro un pedo. Pienso en las hermanas, en las
muchas hermanas que he deseado, que he amado, que he buscado desesperadamente.
Felizmente cada día estoy más ciego y más calvo también. Realmente estoy en una
habitación vacía, mirando muchos mundos vacíos. Vuelvo también de vez en
cuando. Todavía no sé bien en qué podría invertir mi dinero para dedicarme a
tiempo completo a ser un vagabundo, un santo.
Mis amigos acá en Tarapoto, a veces siento que no me
soportan lo suficiente, yo tampoco me soporto más. A veces siento que desearía
simplemente desaparecer en el confort, viajar como un burgués por el mundo con
una cámara y la sonrisa puesta; tener amantes y mascotas de todas las especies
y razas en cada casa, en cada calle, cada barrio. Toda la vida he sentido que
he estado dentro de la ballena durante la tempestad. Gracias a Dios. Mis
amenazas han sido enfermedades, gente inoportuna, mis temores tontos a los
insectos, a la muerte, a ver sufriendo a mis seres queridos. Lizbeth Carranza,
debe estar en algún lado, pero sigue en los pensamientos que tuve cuando tenía
¿10, 11 años? La vida en este mundo ya
me ha dado mucho asco. Llegará un momento en que se me diga: ¡bueno, ya lo
hemos asqueado bastante, hermano, ahora a disfrutar nomás! Jaja no. Unos
lentes, una denteada, una ropa nueva, un vehículo, un traje invisible, un
castillo, el río oscuro fluye subterráneo, ahí. Quiero visitar lugares mágicos,
donde pueda realizar actos mágicos. Esa era la visión que quería. Quiero a
Elena y a Galaxia, quiero una chica que sea realmente rebelde, que pueda
admirar por su determinación, por su voluntad inquebrantable, una chica que
realmente me llene de hambre, sed de necesidad, de deseo, pasión, voluntad, que
me llene completamente y me deje satisfecho con su sola voz, solo su aparición.
Que ella aparezca ya ya ya, como un refuerzo enviado desde el lugar más
impensado. (poco tiempo después llegó María Inés, a los pocos días me hice a
Mikita al día siguiente de conocerla, a la semana siguiente a Grecita, también
la segunda vez que la vi y ahora estoy con ella, en unos días va a ser mi
cumpleaños)
La ayuda vino del pasado.
Va a venir María Inés, Gimena Vartú, de signo virgo. Yo leo,
tal vez sea la madre de mi primer hijo. Luego quiero tener otro con Kami, luego
otro con Enidsa, luego con una capricornio, una acuario y una piscis. Luego una
aries, una tauro, una geminis, una cáncer y finalmente una leo.
Me clonaría en femenino y tendría sexo con un cuerpo como el
mío pero mujer y tendría un hijo para ver qué sale o tal vez dos o más. Mi
misión es soñar y enviar informes de lo que sucede allá en la interzona. Ya
muchos otros lo han hecho, no es mi voluntad compararme o equipararme con ellos
ni siquiera pretendo emularlos (sí claro, William Burroughs del siglo XXI jaja),
pero cada vez que encuentro uno: ya sea un escritor, un profeta o un simple
borracho siento que me encuentro nuevamente. Las diferentes formas de cercanía
(lo ridículo vuelto ya habitual, como una sonrisa temerosa y temeraria, que da
pena al mismo tiempo que gracia).
Necesito recuperar mi tiempo. Necesito comprar mi libertad,
libertad de hacer lo que me dé la gana. Y lo que me da la gana es tener el
refrigerador lleno. El contribucionismo no ha funcionado en esta casa, no
producimos nuestra propia comida ni está en planes como tampoco está en los
planes la implementación de potabilizadores de agua de lluvia. Tan simple que
hubiese sido, pero Jamil tiene otras prioridades.
Las prioridades abandonadas.
Perdí todos el dinero
que me quedaba, algo de 2.9 btc.
Me hackearon, no sé si fue Jamil quien planeó el robo de
Tulio. Cuando todo comenzó a irse para la mierda le dije a Jamil que cuando
bitcoin subiera de precio podría invertir mil dólares. Al día siguiente Jazmín
me preguntó que cuándo tenía pensado poner esos mil dólares porque ya no había
dinero para avanzar, Dionisio ya no estaba enviando nada. La noche anterior
Tulio nos dijo a María y a mí que estaba feliz porque había vendido un terreno
frente a la plaza de Yurimaguas que era de su familia, que tenía 3, el que
vendió en el famoso derroche de los 200mil soles, la que acababa de vender y
por la que le caerían 84mil soles y aquella en la que vivía su esposa con sus
hijos. En fin, cuando saqué mi primer bitcoin, Tulio me pidió prestados 500
soles y se desapareció. Nunca más volvió.
Luego volví a cobrar otro bitcoin. En total los dos bitcoins
que convertí en dólares hacen un total de $1300. Los otros 3 bitcoin eran algo
de $1900. Notable pérdida, me deprimí. En mi escritorio tenía un archivo que
decía cuentas bitcoin, grave error. No sé si alguien de la casa copió el seed
que tenía ahí anotado de mi cartera electrum y la abrió desde cualquier lugar,
como la cuenta está en cero ni siquiera he visto si cambiaron la contraseña.
Jamil iba a vender su carro, pero un negocio en Costa Rica
le ha resultado, ojalá que por más de 2 grandes. Pues la camioneta la iba a
vender en $10k, pero ya no lo va a hacer. El bar está casi terminado, ahora
falta implementarlo y decorarlo. La cabañita hoy la comenzaron a techar y boté
las palmas sobrantes al río. Llevo días leyendo desordenadamente los libros que
tengo grabados en mi compu de Aleister Crowley. Pienso mucho en mi respiración
y en mantenerme calmo. Quisiera ser un mago con una voluntad de lava.
También está Trevor que hace sesiones de ayahuasca, san
pedro, changa, etc. No sé bien qué quiero. Solo que los negocios marchen, tener
dinero en el bolsillo, vivir en una casa con una mujer. Los niños estudiando el
universo desde unos googles wifi, cazando pokemones con guardaespaldas, bebidas
frías, dormir templado calato, deliciosas comidas, ensayos musicales en unión
con la naturaleza del universo, los sentimientos y el yug: la unión, la
desaparición de toda yuxtaposición. La unión no es una suma, es una resta.
El gallo para la cresta. La espina en el pie de Sahana, los
tachos metálicos de basura del condominio vecino, la señora que tiene un perro
y un gato albinos, que me prestó la licuadora, cuando Isis hizo que el gato bote
la nuestra al jalarlo cuando la tenía cargada y buscaba su plato de plástico
para almorzar, y que ahora reemplaza a su hija en la tienda de la esquina
porque se ha ido de viaje. La tetona que me dijo que a la bolsita de inchicapi
le podía poner dos huevos en la mañana y luego en la tarde encontré bailando
mueve el totó, el marido en la mesita de la puerta, buenas tardes buenas tardes
y le pregunté: “¿ya no tiene palta?”. Me fió maicena de 2 soles.
La señora de las cervezas me ha dicho que le debo 4 del día
que vinieron Blanca, Noelia, Diana, Lesly y su amigo Mishel y estuvimos
tomando, ellas desde temprano.
Todos los días hay viento y tengo que volver a colocar las
telas del techo cada vez más rotas con los clavos. Estuve sacando estos días
los pastos del camino de piedras y hoy eché el desmonte del enramado de palmas
para el techo de la cabaña al río. Quisiera hacer una fogata y sentir que todo
lo malo, podrido y oscuro de mí, todo lo que no me sirve es quemado para
siempre y que como el fénix algo surge del huevo de mi corazón, del huevo
cósmico de mi ser postrado frente a la sublime naturaleza que nos atraviesa y
supera siempre en todo. Lo que nos trasvasa. Lo que nos deja en silencio, lo
que nos arroja al suelo. Esa emo sensación de mierda, de querer estar todo el
día dormido y no hacer nada y lamentarse por existir. El miedo. He estado
asustado, no se lo he dicho a nadie, probablemente recién en este momento me
esté dando cuenta de eso. De lo mucho que me jodió haber confiado en una
persona que había planeado estafarme y no solo a mí sino a todos los que
quisiera.
Viajar desesperadamente y en muchas drogas por distintas
ciudades, conocer a la gente de la noche y amanecer por la tarde lamiendo a una
mujer, en otras palabras alcohol y purgantes. Una limpieza total, auroral. Un
otoño de hojas amarillas y viento frío, tazas de café, silencios, habitaciones
vacías, computadoras prendidas, canciones olvidadas, cartas no entregadas,
libros sin terminar. Olor aséptico a limpieza, desinfección. Curación derretida,
molten overseas. Queremos estar curados de todo esto. Quisiera tener amigos
reales, quisiera encontrar el amor en una mirada desconocida, en unas palabras
inesperadas, en ese rostro que no puedo recordar porque no lo he inventado,
porque no lo he programado, porque no era lo que quería no era lo que esperaba.
Pronto amanecerá. Hace poco estuve usando por primera vez el
polo de yoga que mi mamá me regaló. He leído las primeras lecturas de las 8
lecturas sobre yoga de Crowley. Quiero estar obsesionado con la idea de la
meditación consuetudinaria con la respiración. Me convertiré en fuego y lo
primero que limpiaré será a mí mismo.
Sé que tengo defectos y cosas que cambiar. Que debo levantar
la voz y determinar, escribir más programar mi futuro. Imaginar, proyectar,
soñar, alucinar un futuro y seguirlo con dedicada disciplina día tras día, hora
tras hora, momento por momento. Me encanta fumar marihuana, no es por ese lado
que debo cambiar. Es simplemente que debo concentrarme en mis metas,
prontamente las abandono o las olvido o me desmotivo a seguir los caminos que
alguna vez avizoré entusiasmado por recorrerlos y me siento a lamentarme como
un anciano bebé dinosaurio mirando el meteorito de la extinción.
Cómo explicarles que soy el escritor que odia corregir, el
escritor surfista que hubiese querido ser Ribeiro. Pues sí ese soy, el Jack
Kerouac desfasado. Tan moderno que se ha bifurcado de su tiempo al que accedo a
través de caricaturas, canciones, modas en las calles, sobre todo memes y
estupideces de facebook. Reconozco a alguien en mí queriendo llorar, gritar y
patalear a cada instante, como Isis. Muchas veces durante el día me pregunto si
será mejor dejar que un bebe llore o habrá que consentirlo y tratarlo bien todo
el tiempo. ¿Qué hacer? Es un problema. Cualquier cosa que resulte va a ser un
término medio, un pudo haber sido mejor, pero también pudo haber sido peor.
Casualidad, destino… puras boberías. Hay algo que tengo que hacer y lo tengo
que descubrir en un sueño, yo qué sé.
Últimamente recuerdo sueños, como ese en el que estaba en
Arequipa gileando a una prima y de pronto un gigante comenzó a pisotear las
casas y salimos corriendo y compré unos chicles. O en la mañana recordando una
ciudad a la que solo voy en sueños, que parece como motel gringo, con un grupo
de prostitutas de todas las edades en una escalera que da a una especie de
segundo piso al que está prohibido el paso. O ese hotel-casino donde también
hay prostitutas y voy subiendo pisos hasta llegar al lugar que “me gusta” y las
rameras están ya desnudas, algunas amarradas a la cama de un cuartucho. O ese
edificio que tenía un grabado de un árbol de navidad en la puerta y en el
centro una botella enorme de whisky o algún licor de hermoso color. O pienso en
todas esas regresadas a casa borracho y de madrugada, con audífonos, con
lágrimas en los ojos, con pensamientos de amor suicida en la cabeza.
Deprimido, todo el mundo está deprimido. Todos estamos en la
mierda, este planeta sigue girando, tenemos que hacer algo lo más pronto
posible o acabarán con nosotros.
En fin todo esto de los robos, me llega al pincho. Todos los
días fumo marihuana, me siento un paso más lejos, más cerca de la santidad, qué
más da. Me siento bien. Pobre y todo, confío que la locura de Jamil conducirá a
buen puerto a pesar que siempre me corroe la idea paranoica de que todo esto es
un plan de mis padres para enseñarme y de Jamil para desplumarme y robarme todo
lo que pueda por el bien “común”. Hoy en la mañana mientras limpiaba la cocina,
Jamil me decía quejándose de lo sucia que la dejaba Jazmín, que nunca había
vivido en una casa más sucia y desordenada. No me había puesto a pensar en eso.
Esto es lo más cercano a vivir en una comuna punk que he estado y eso es un
poco emocionante.
Pero lo más emocionante de todo es que vine sin conocer a
nadie, me he quedado sin ahorros (5 bitcoins y 300 soles) y a pesar que Jamil y
Jazmín pueden desaparecer en cualquier momento como también pueden crear una
corporación de franquicias de las que formo parte como Miguelitros, me siento
contento. No sé qué me va a deparar el futuro. Nunca pensé que aprendería
tantas cosas en un lugar como Tarapoto… siento que aprenderé muchas más que
esto es solo una milésima del primer comienzo. Hoy Sahana Amira se pincho el
pie con una rama de espinas mientras capturaba un pollito que me dijo que coja,
me apenó.
Muchas veces al día las bebés me hacen recordar a Lucianita,
me lleno de esa sensación adictiva que es la tristeza. Estamos con la sensación
de que somos malos tíos, padres, la verdad es que yo creo que hacemos nuestro
mejor esfuerzo a pesar de todo el cansancio que en sí es vivir tratando de ser
ese alguien que se cree que es. El ego es demasiado agotador. Deberían dejarnos
enloquecer y ser eso que ni siquiera sabíamos que éramos y que al fin y al cabo
a nadie le interesa o le debería interesar. Siento que llego a algo importante.
Siento que esa locura es trascendental, ese ser uno mismo al natural, sin la
amputación que es el ego, es la vitalidad. Cantan los gallos, debería dormir.
Amo la madrugada, su silencio de humanos, para reconocer el murmullo del río
tengo que esforzarme, los primeros días era una distracción, como el calor, los
zancudos, estar stone todo el día, etc.
No sé de qué me preocupaba. Esa sensación de que el
presupuesto no alcanza, de que va a faltar para pagarle a la señora, de no
saber de dónde sacar el papá para pagar las cuentas. Quiero detenerla y quiero
detenerla ahora y para siempre. Me anclo a esta realidad y determino que jamás nunca me va a faltar lo que
necesito y yo necesito amor, necesito amar, adorar, viajar, vivir aventuras
como esta. Estoy en Tarapoto, nunca había estado acá, me han robado, pero soy
feliz, no entiendo muchas cosas. Recuerdo el sueño en el que iba con Mayu en el
carro por cerros dormidos, grandes publicidades apagadas como los postes de
luz, en una noche alumbrada por los autos que vienen en el otro sentido.
Aventuras, recuerdo ese otro sueño también en un carro en
una pista frente al mar, en un lugar como Brasil, con carteles publicitarios
enormes, como esos que están a los lados de la carretera en verano, pero desde
un malecón alto, desde donde veo una pendiente como la del despegue de
Valparaíso, pero de pista y ciudad, no
puras dunas de arena y madera, mamá.
Pienso en mi mamá y en el orgullo que siento de ser su hijo
como en ese otro sueño, en el que estaba en un aeropuerto lleno de árabes con
portafolios esposados y ella había envejecido tanto que se parecía a Mamamore.
Quisiera no morir, quisiera trascender esta realidad, ser
eterno, ser más que un cuerpo, ser la mente eléctrica, despertar mi consciencia
electromagnética, genética y atómica. Tengo muchos pensamientos que ordenar,
muchas experiencias y experimentos que realizar. Creo que es momento de tomar
ayahuasca.
Ahora quiero que sepas que vamos a triunfar o moriremos en
el intento. Basta de llorar. Basta de lamentos. Hagamos todo para que esto
funcione, todos triunfemos y podamos hacer nuestros sueños realidad. Logremos
la unión humana, volver a la inocencia natural. Volver a ser quien he venido a ser.
Quiero recordarme, quiero recordar.
En el desguazadero de los robots obsoletos
Dice Sami que va a venir en un rato. He quedado acá solo,
todo el espacio alquilado por Jamil y Susy a Jorge, a sus suegros, a los padres
de su ex esposa, Shary. Vendo cervezas heladas, pero la gente me pide agua.
Tengo que llamar al repartidor de bidones. Ya me siento un poco harto de estar
acá, pero realmente no tengo prisa ni un sitio a donde ir.
El fin de semana ha estado Eduardo Sabogal acá poniendo la
música de Teklife y hemos estado toneando, creo que vendido tres cajas de
cerveza, pero se ha malogrado el equipo de sonido y ahora solo tengo los
televisores.
La verdad no me interesa en lo absoluto hablar de la
realidad, está bien ahí inexpugnable, incomprensible e inexplicable. De lo
único que quiero conversar es de cosas maravillosas, asombrosas con gente que
no entienda en lo absoluto, gente que sea como yo. Que haya dejado atrás esa
absurda preocupación por ser comprendido, y que realmente no les importa si ya no
existe otro ser allá afuera que pueda ser capaz de entender algo de toda esta
locura, como un nudo gordiano que ha sido abandonado atrás por falta de interés
o como la cabeza de Ozymandias tirada en el desierto, cuyas arenas la comienzan
a cubrir.

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